¿CIUDADES “INTELIGENTES” CON UNA GOBERNANZA “ESTÚPIDA”?

LA MIRADA INSTITUCIONAL

 

“La organización inteligente se caracteriza por manejar todos los talentos que hay dentro para detectar bien los problemas y solucionarlos” (José Antonio Marina)

“Una organización es la sombra de quien la dirige. Uno de los mayores errores que se puede cometer en el mundo de las organizaciones es no darle importancia a la persona que dirige” (Pascual Montañés).

Superado el ecuador del mandato 2015-2019, puede ser buen momento para plantear de nuevo una de las cuestiones peor resueltas de la arquitectura institucional de las estructuras de gobierno local (que también se replica, aunque no de forma igual, en los demás niveles de gobierno): el profundo deterioro de las relaciones entre política y gestión, así como el estado paupérrimo de las “máquinas administrativas” locales, por emplear una expresión del profesor Luciano Vandelli.

Llevamos varios años oyendo hablar de “Administraciones inteligentes”. También llevamos tiempo oyendo asimismo resonar la expresión “Gobernanza Local”…

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¿CIUDADES “INTELIGENTES” CON UNA GOBERNANZA “ESTÚPIDA”?

Recobrar la confianza en las Instituciones

Poliedro Transparencia

En la década de los noventa, el gobierno inglés, para salir al paso del descrédito de las instituciones encargó a un Comité dirigido por lord Nolan la elaboración de unas “normas de conducta para la vida pública” que ayudasen a recuperar la confianza perdida en las instituciones y en lo público en general.

En 1995, se presentó el documento conocido como el “Informe Nolan”, en el que se recogen normas de conducta para los diputados, ministros, funcionarios, organismos gubernamentales y para el servicio público de salud.

Es significativo que en el Informe Nolan figure una encuesta realizada por una empresa (MORI) referida a la percepción de la confianza sobre determinadas profesiones, entre dos momentos temporales separados por diez años (en 1983 y en 1993). El resultado obtenido a la pregunta ¿confiaría usted en que este grupo contará la verdad?. De todos los grupos profesionales, sólo los ministros, políticos en general…

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Recobrar la confianza en las Instituciones

Recobrar la confianza en las Instituciones

En la década de los noventa, el gobierno inglés, para salir al paso del descrédito de las instituciones encargó a un Comité dirigido por lord Nolan la elaboración de unas “normas de conducta para la vida pública” que ayudasen a recuperar la confianza perdida en las instituciones y en lo público en general.

En 1995, se presentó el documento conocido como el “Informe Nolan”, en el que se recogen normas de conducta para los diputados, ministros, funcionarios, organismos gubernamentales y para el servicio público de salud.

Es significativo que en el Informe Nolan figure una encuesta realizada por una empresa (MORI) referida a la percepción de la confianza sobre determinadas profesiones, entre dos momentos temporales separados por diez años (en 1983 y en 1993). El resultado obtenido a la pregunta ¿confiaría usted en que este grupo contará la verdad?. De todos los grupos profesionales, sólo los ministros, políticos en general y periodistas que, ya en 1983, ocupaban los últimos puestos en confianza, continuaron ocupandolos diez años más tarde y además hundiéndose en número de puntos.

Esto muestra que el descrédito de la clase política no es un hecho nuevo ni reciente sino que ha sido una constante en las últimas décadas del siglo XX y continúa en el presente siglo.

Adela Cortina, ilustre maestra pensadora y filósofa española y Catedrática de Ética en la Universidad de Valencia entre otras muchas virtudes profesionales y personales, en su obra “Hasta un pueblo de demonios. Ética pública y sociedad” (Ed. Taurus, Madrid, 1998), manifiesta algo que veinte años más tarde sigue de plena actualidad.

Lo que sigue es texto literal entresacado de la obra citada:

De nuevo el afán de recobrar la confianza perdida en las instituciones que conforman la vida pública es el que invita a reforzar su credibilidad con actuaciones que sean dignas de ella. Y aunque es cierto que un código ético jamás garantiza que sus destinatarios se ajusten a valores, principios y normas que lo componen, también es verdad que expresa lo que la sociedad espera de ellos y lo que ellos esperan de sí mismos, aquello a lo que se comprometen al aceptar responsabilidades públicas.

Y si, a mayor abundamiento, un comité supervisa el cumplimiento o incumplimiento del código, puede aumentar la confianza de los ciudadanos en las personas e instituciones responsables de la vida pública. 

Afortunadamente, nuestro todavía débil pluralismo moral no por incipiente deja de formar parte de nuestra vida común. Pero es urgente reforzarlo, porque nos jugamos algo tan imprescindible para existir humanamente como la confianza en las instituciones y en las personas. Una confianza que no se logra sólo multiplicando los controles, sino reforzando los hábitos y las convicciones. Esta tarea es la que compete a una Ética de la Administración Pública: la de generar convicciones, forjar hábitos, desde los valores y las metas que justifican su existencia.

Todo está dicho y muy bien dicho por la profesora Cortina hace veinte años y sin embargo rabiosamente actual en 2017. ¿No aprenderemos como ciudadanos? ¿Porqué no lo perciben así nuestros políticos?

Recobrar la confianza en las Instituciones

Mis aportaciones al III Plan de Gobierno Abierto de España — Miguel Ángel Blanes

Hasta el próximo 15 de septiembre se podrán realizar aportaciones al III Plan de Gobierno Abierto de España que se elaborará para su presentación en el seno de la Alianza para el Gobierno Abierto “Open Governement Partnership (OGP)”. Es una buena oportunidad para mejorar nuestro sistema de transparencia y acceso a la información pública.

a través de Mis aportaciones al III Plan de Gobierno Abierto de España — Miguel Ángel Blanes

Mis aportaciones al III Plan de Gobierno Abierto de España — Miguel Ángel Blanes